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«Nadie sube al Everest sin una motivación fascinante de pasión.» – Lou Engle

«Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.»  – 1 Reyes 19:7-8

Esperamos que el video de ayer de mi amigo, el Dr. Vaughn Lawrence, los haya ayudado a prepararse para un ayuno saludable, pero quizá muchos de ustedes todavía se estarán preguntando cómo pueden hacer un ayuno de 40 días. Tal vez se pregunten: «¿Qué clase de ayuno debo hacer? ¿Cómo puedo hacer un ayuno de 40 días o un ayuno extendido? ¿Cómo puedo escalar esta montaña de 40 días?»

    Recientemente, la esposa del joven que me ayudó a escribir y editar mi libro más reciente, El Ayuno, tuvo un sueño en el que estaban luchando por escalar una montaña que era muy difícil y empinada. Ella levantó la vista y me vio por encima de ellos en la montaña, llamándolos y animándolos a subir a la cima de la montaña. Este joven había estado sintiendo el deseo de ayunar. Le dije: «Creo que la montaña es la Montaña del Señor. Moisés ayunó durante 40 días en la Montaña del Señor y Elías el Profeta ayunó durante 40 días en esa misma montaña. Creo que el Señor quiere que subas a la Montaña del Señor y ayunes durante 40 días.» Acababa de terminar su ayuno de agua y jugos en el momento en que estábamos terminando el libro. Dios cambió su vida; descubrió su pergamino. El ayuno de 40 días se puede hacer y las recompensas son muy grandes.

    Como estamos al comienzo de nuestro viaje de 40 días juntos, puede que te intimide el esfuerzo que implica una escalada de semejante altura. Entiendo. Pablo se jactó de hablar en lenguas «más que todos ustedes» (1 Corintios 14:18). Yo soy famoso por haber roto más ayunos que todos ustedes. Es increíble que en el momento en que comienzas a ayunar, esa hermosa caja de rosquillas se aparece en la oficina e inmediatamente empiezas a pensar, «empezaré mi ayuno al mediodía.»

    Durante los próximos días, queremos ayudarte a escalar esta montaña. En primer lugar, debes entender que el ayuno debe nacer y estar motivado por el Espíritu.

«En seguida el Espíritu lo impulsó a ir al desierto.» – Marcos 1:12

    «Debería ayunar» o «necesito ayunar» nunca producirán el tipo de motivación necesaria para someter los apetitos de la carne. El legalismo y la ley no te liberarán de la lucha interior para adentrarte en el vuelo hacia la libertad del ayuno, sólo te traerán bajo cautiverio y acusación. «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.” (Romanos 8:14). El escritor del Evangelio de Marcos dijo que el Espíritu del Señor llevó (ekballo) a Jesús al desierto para ayunar 40 días. Fue el ímpetu del Espíritu lo que permitió a Jesús vencer las tentaciones más intensas de comer. Es por eso que escribimos este devocional – para crear dentro de ustedes una fe abrumadora, una motivación divina, y una expectativa de un avance increíble. De hecho, ni siquiera estarías leyendo este devocional si Dios no te guiara por el Espíritu Santo. Tenemos la convicción de que una vez más el Espíritu que llevó a Jesús al desierto está ahora llevando a la Iglesia en todo el mundo al desierto del ayuno de 40 días porque una gran luz está a punto de amanecer.

    La pasión es como un río poderoso que rompe la presa de nuestra obstinación carnal al sacrificio espiritual que trae gran recompensa espiritual. Cuando un deseo interior de ayunar comienza a rebosar dentro de ti, puedes estar seguro de que el diablo no te está tentando. No, el Espíritu del Señor utiliza el deseo interior, la fuerza vital de la pasión, para conducirte a una nueva dimensión. Muchas veces hay una acumulación de la fuerza de ese río – circunstancias abrumadoras que nada puede moverlas, una desesperación interior por el cambio, sueños y profecías, incluso los libros que llegan a tus manos son la voz del Señor gritando dentro de ti «¡Ayuna por la realización de tu nuevo futuro!»

    Cuando comiences a subir esta montaña, no mires lo empinada que es la subida, sino que mira a la cima del placer espiritual que está en lo más alto de esa montaña. Te animo a meditar y ser poseído por las profecías, los sueños, los anhelos y las peticiones de oración que son más fuertes que el deseo mismo de comer. Vive este ayuno bajo la sombra de una profecía dominante. A la diestra de Dios hay «delicias para siempre» (Salmos 16:11). Mira las recompensas del ayuno, no del alcance temporal de la manzana de Adán.

    Tóma este momento ahora mismo para escribir una lista de lo que quieres y necesitas de Dios: un amigo que sea salvo, una enfermedad que sea sanada, un llamado a ser escuchado, una adicción a ser superada, un trabajo o carrera por el que tienes que atravesar, un grupo de personas para que sean ganadas. Piensa en las cosas del cielo, no en las de la tierra. (Col. 3:2), por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, (Heb. 12:2). Cuarenta días no es una subida demasiada empinada por el placer eterno, el impacto y la recompensa. ¡Que la pasión sea el fuego de El Ayuno!

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