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«El ángel del Señor regresó y, tocándolo, le dijo: “Levántate y come, porque te espera un largo viaje.” Elías se levantó, y comió y bebió. Una vez fortalecido por aquella comida, viajó cuarenta días y cuarenta noches hasta que llegó a Horeb, el monte de Dios.» – 1 Reyes 19:7-8

Elías, agobiado por pensamientos suicidas, tambaleándose y huyendo de la maldición de Jezabel, se acuesta en el sueño de una profunda depresión. Allí viene el ángel del Señor, no con ira, sino con una compasión increíble y cocina una comida reconfortante del cielo para el gran profeta, y lo dirige a un nuevo camino de propósito. Ese camino fue 40 días de ayuno, de caminar y regresar al lugar donde Moisés ayunó 40 días en el monte Sinaí cientos de años antes.

Elías sabía su historia. Creo que se dio cuenta de que en el ayuno de 40 días y al regresar a la montaña del pacto histórico, Dios renovaría el pacto con él. ¿Podría ser que, al entrar en este ayuno de 40 días, estemos recreando literalmente el viaje de Elías el Profeta de regreso a las montañas humeantes de nuestro avivamiento nacional? ¿Qué pasaría si descubrieras en tu investigación, en los archivos de la historia del ayuno, un santo del pasado que movió el cielo en un lugar sagrado mucho antes de que tú nacieras? “¡Hasta con solo tocar sus huesos, te podría levantar de entre los muertos y desatar fe para un nuevo mover de Dios! Te animo a hacer incluso una peregrinación durante estos 40 días, como hizo Elías el Profeta, a ese lugar de encuentro divino y a ofrecerte en ese altar para una nueva generación.

Esto me pasó recientemente.

Estaba organizando una movilización en Argentina para The Send y el ayuno global de 40 días para este año cuando de repente me retuvieron allá por dos semanas por unos coágulos de sangre potencialmente mortales. A veces Dios nos hace recostarnos en pastos verdes para que pueda restaurar nuestras almas o hablar sin interferencias. Ahora me pregunto al escribir esto si Dios me llevó a un momento como el de Elías, con mi cuerpo enfermo y quebrantado en el alma. Pero allí, un ángel vino a mí. O debería decir una familia de ángeles que me dieron carne, mariscos y postres que no tienen comparación. Esos ángeles eran Claudio Freidzon, su esposa Betty, su hija Daniela y su yerno Chad. No sólo me alimentaron y restauraron mi cuerpo a través de los mejores médicos de Argentina, sino que también alimentaron mi alma con sus historias de avivamiento y el poder del ayuno de 40 días.

Pasé horas escuchando la historia del gran Avivamiento Argentino en 1992. Claudio y Betty habían experimentado años de desiertos y de esterilidad espiritual. La temporada en el desierto siempre pasa por una buena razón. Produjo una gran hambre en el alma de Claudio por la Presencia de Dios y por una nueva demostración de Su poder. Esa hambre lo llevó a un ayuno de agua de 40 días ordenado por Dios. De ese ayuno él tuvo un sueño en el que celebraban una campaña evangelística en un pequeño parque al lado de su iglesia. Unas pocas personas vinieron, ¡pero de repente estallaron milagros de señales y maravillas! El mensaje se extendió. La gente en los apartamentos altos y cercanos vieron las multitudes y escucharon los informes. Cientos comenzaron a reunirse. La gente se caía en el Espíritu y los sonidos del gozo de la salvación se multiplicaban. Hubieron milagros notables. La pequeña iglesia no podía sostener la cantidad de personas que comenzaron a llegar. Pronto tuvieron reuniones en estadios de fútbol y miles se reunieron. Masas fueron derribadas por el poder de Dios, sólo con el mover de la mano de Claudio.

    Claudio no estaba solo. Carlos Anacondia y Omar Cabrera estuvieron entre los muchos precursores. El trabajo evangelístico de Cabrera explotó después de un ayuno de 40 días en Miami. Un hombre llamado John Arnott fué a experimentar ese avivamiento y se lo llevó a casa y el avivamiento de The Father’s Blessing (La Bendición del Padre) estalló en Toronto. Un joven evangelista llamado Steve Hill visitó Argentina y regresó con el fuego y así estalló el gran avivamiento de Brownsville en Florida. En cierta medida se podría decir que Argentina fue el lugar de nacimiento de una explosión de avivamiento global de Dios y que el ayuno de 40 días fue la fusión atómica.  

    Al escuchar las historias de Claudio, supe que Dios estaba reafirmando una vez más el mensaje que estamos enviando con sonido de trompetas a la tierra para el ayuno global de 40 días, del 1 de marzo al 9 de abril de 2020.

    Desde mi regreso de Argentina, sigo preguntándole al Señor: «¿Me enviaste a Argentina para volver a visitar el lugar del ayuno de 40 días, como un tipo de Monte Sinaí más actual, para que una vez más pueda sonar la trompeta, no sólo para Argentina sino para todo el mundo? ¡Permite que la tierra suba a la montaña del Señor, la montaña del Ayuno de Jesús, el que guiará a la cosecha global para Jesús!

Padre, oramos por un impulso de gracia para realizar un ayuno global y por todos aquellos que están leyendo esto.  Ruego que los huesos de aquellos santos que ayunaron en el pasado resuenen en los huesos secos de la iglesia en esta era actual. ¡Responde desde los cielos! Retribuye este ayuno de oración global con el derramamiento de la promesa en Joel 2:28, «Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne.»

En el nombre de Jesús, amén.

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