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«Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel.» – Jueces 2:10

«No las esconderemos de sus descendientes; hablaremos a la generación venidera
del poder del Señor, de sus proezas, y de las maravillas que ha realizado.»
– Salmos 78:4

«Allí Isaac construyó un altar e invocó el nombre del Señor. Acampó en ese lugar, y sus siervos cavaron un pozo.» – Genesis 26:25

«Isaac se fue de allí, y acampó en el Valle de Guerar, donde se quedó a vivir. Abrió nuevamente los pozos de agua que habían sido cavados en tiempos de su padre Abraham, y que los filisteos habían tapado después de su muerte, y les puso los mismos nombres que su padre les había dado.» – Genesis 26:17-18

El orden de los cuatro versículos anteriores es muy crítico para el tema de esta senda devocional de 40 días. Una generación que no conoce su propia historia se olvida de Dios y pierde su potencia espiritual en la tierra. Cuando hablamos del legado de la historia espiritual de los padres y las madres de épocas pasadas que ayunaban, una generación se mueve para reconstruir esos altares y recavar esos pozos de avivamiento, recuperando una vez más su poder en la tierra. Por lo tanto, investigamos los altares de ayuno de los precursores históricos para que una vez más los ríos de agua viva se desborden para refrescar al mundo.

Cuando adoro a Dios, uno de mis nombres favoritos para describir su naturaleza es «El Señor de la Historia.» La historia no es una recopilación de hechos crudos y acontecimientos aislados sin sentido. La historia tiene un Autor y es Su Historia. Él la ha escrito y es el Señor de ella. El hombre no está bajo la misericordia de un destino impersonal o de un determinismo cruel. Un buen Dios gobierna la tierra con bondad. Cambia los tiempos y las temporadas. Anula los edictos del hombre. Saca a los pobres del polvo y los hace sentarse con príncipes. Los poderes siniestros tratan de cambiar los tiempos y las estaciones y alterar los planes benignos y sabios de Dios, pero el Autor sostiene el bolígrafo. Debido a que es el Autor, también es el Maestro de la historia. Estamos destinados a aprender de la historia. La historia nos enseña los caminos de Dios y nos advierte para no desviarnos de ellos.

    Pablo exhorta la iglesia de Corinto en relación con la historia del éxodo de Israel cuando escribe: “Todo eso les sucedió para servir de ejemplo, y quedó escrito para advertencia nuestra, pues a nosotros nos ha llegado el fin de los tiempos.” (1 Corintios 10:11, RVR1960). La historia bíblica, y toda historia, nos muestra cómo Dios ha actuado en el pasado para que podamos recrear Sus caminos hacia el propósito y el poder en nuestra era actual.

    Por lo tanto, en este devocional de 40 días, regresamos al histórico y original Ayuno de Jesús para recuperar el poder original de Jesús. Cuando leemos sobre el ayuno de Jesús en Lucas 4, podemos sentirnos tentados a tratarlo como una anomalía que ocurrió una sola vez, completamente irrelevante para nosotros en nuestra cultura moderna y ocupada. Sin embargo, cuando sólo tenemos un ayuno de Jesús registrado en la Biblia, y ese ayuno fue de 40 días con agua, y cuando declara que ciertos espíritus demoníacos son expulsados sólo por la oración y el ayuno (Mateo 17:21), entonces tenemos que considerar seriamente la probabilidad de que Jesús quería que nosotros hiciéramos un ayuno prolongado para liberar a este mundo quebrantado.

Si el fracaso de Israel durante los 40 años en el desierto fue un ejemplo para nosotros, ¿entonces no debiera ser el ejemplo del ayuno de Jesús de 40 días también un ejemplo que debemos seguir? Mientras que una generación fracasó durante 40 años, Jesús lo logró en 40 días. Si la historia es Su historia, ¿no debería ser nuestra historia? Cuando el estudiante de historia comienza a descubrir ciertos patrones que recurren con realidades obvias de causa y efecto, entonces ese estudiante tiene que hacer una pausa y subrayar esos patrones, reconociendo la presencia invisible del maestro trabajando en su obra. Como predicadores y maestros, entonces se convierte en nuestra obligación espiritual transmitir los patrones históricos del poder a la próxima generación para que no sean aquellos «que no conocían a Jehová, ni la obra que él había hecho.» Entonces, cuando la fe viene por el oir, se produce una recreación divina y el poder procede de nuevo.

Se dice de Winston Churchill, que él usaba la historia como un cañón y le devolvía su rugido al león de Inglaterra. En este devocional de 40 días de ayuno, espero llamar a una generación a que vuelva al ayuno histórico de Jesús y a la historia de los ayunos de aquellos pioneros de los avivamientos que siguieron en Sus pasos. Al hacerlo, espero que el Espíritu Santo regrese su rugir a la iglesia en toda nación. 

El profeta Malaquías declara: «Estoy por enviarles al profeta Elías antes que llegue el día del Señor, día grande y terrible. Él hará que los padres se reconcilien con sus hijos y los hijos con sus padres, y así no vendré a herir la tierra con destrucción total.» (Malaquías 4:5-6).

Esto no significa principalmente que los padres y los hijos serán restaurados a una buena relación. Significa que el corazón de los patriarcas y su pasión por Dios serán transmitidos al corazón de sus hijos y esos hijos regresarán a la búsqueda de Dios y a los sacrificios de los antepasados patriarcales. Es interesante que Elías ayunó 40 días y le dio su corazón a Eliseo como un hijo espiritual. Tal vez sea hora de que nuestra generación, como Juan el Bautista, regrese al ayuno de Elías y al ayuno y a la pasión del corazón de Elías para que la maldición pueda ser refrenada sobre todas las naciones de la tierra y para que Jesús se manifieste a los hijos de toda nación, tribu y lengua.

En los próximos días, te animo a estudiar la historia de avivamiento de tu tribu, ciudad o nación para ver si esa historia nació del ayuno y de la oración. Entonces, no sólo leamos la historia, ¡sino que hagamos historia construyendo altares y cavando los antiguos pozos de avivamiento en los próximos días!

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